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La enésima demostración de lo que es la política.

La jornada política en el día de ayer no pudo ser más agitada, un miércoles que no parecía ser demasiado distinto a un día normal se convirtió en una serie de mociones de censura en distintas Comunidades Autónomas.

Todo comenzó con la presentación de la moción de censura por parte de Ciudadanos y el PSOE al Gobierno del PP en la Región de Murcia, en torno a las 10 de la mañana.

En el caso madrileño, el más sonado con diferencia, no está claro si va a haber nuevas elecciones impulsadas por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, o si van a llevarse a cabo las mociones de censura promovidas por el Partido Socialista y Más Madrid, es algo que está en el aire y que puede acabar en los tribunales.

La menos mediática, ha sido la moción de censura en Castilla y León presentada también por el PSOE contra el Gobierno del PP de Alfonso Fernández Mañueco.

Cada suceso tiene su propia miga y sus propias disquisiciones, algo que no trataremos en este artículo.

Lo que si parece haber quedado patente, una vez más, es la diferencia entre lo que la ciudadanía entiende por política y por democracia y lo que realmente es. El ciudadano de a pie (o al menos, una parte importante de la población) tiende a pensar que la política es la búsqueda del bien común (si es que podemos definir ese concepto), un espacio donde otras personas se comprometen a promover o buscar ese bien común, unas personas que nos representan y que supuestamente nosotros colocamos en ese lugar para acometer los proyectos que nosotros marcamos. Estas personas (los políticos) supuestamente deberían tener unas actitudes y unas intenciones dirigidas exclusivamente a satisfacer los intereses de la ciudadanía, ya que tienen la “obligación moral” de hacer lo que es correcto.

Esta imagen de la política no puede estar más endiosada y alejada de la realidad, puesto que la política constituye todo lo contrario de lo que se ha dicho en el párrafo anterior. Para empezar, porque no existe ningún tipo de incentivo dirigido a que los políticos orienten sus decisiones a la mejora del bienestar ciudadano, es el problema que se da cuando una persona o grupo de personas ostentan un poder que no viene dado realmente por los ciudadanos. El poder en sí mismo no es malo, será malo en la medida en que ese poder pueda ser revocado o no por aquellos que le dan ese poder.

Por ejemplo, si admitimos que empresas como Mercadona o Inditex tienen mucho poder (o que sus propietarios lo tienen), ese poder proviene de sus consumidores, en el momento en que los consumidores eligen no consumir sus productos porque prefieren consumir los de otro competidor, estos empresarios pierden poder. Son los consumidores los que dan y quitan poder.

Con un sistema como el democrático, y no sólo el democrático, esta posibilidad no existe. Bien es cierto que uno puede votar a un partido y cambiar el voto por otro partido, pero no puede salirse del sistema aunque no quiera votar a ninguno. La posibilidad de la secesión o del abandono del sistema no es algo que se contemple, puesto que no se es incluido en el sistema de forma voluntaria, sino por la fuerza.

En el mercado, una empresa puede desaparecer e incluso un bien en concreto puede desaparecer porque ya no es de utilidad para los ciudadanos, en la política no puede ocurrir esto en la medida en que se establece por ley la forma de gobierno. En el mercado, los ciudadanos pueden elegir el bien o servicio que quiere consumir y la empresa a la que se lo quieren comprar, en este sistema político lo único que puede elegir el ciudadano es el amo que le va a gobernar cada 4 años.

Por tanto, si el poder que tienen los políticos no es otorgado por los ciudadanos y tampoco estos ciudadanos tienen forma alguna de controlar este poder, ¿por qué iban a tener los políticos ningún tipo de incentivo a controlarse ellos mismos?

Parece que existe una especie de creencia, de fe incluso, en que los políticos se auto-controlarán en el poder para no abusar de este, ya que ese es su “deber”, pero esto es algo bastante ingenuo. Si no existe ningún contrapoder real y si ese contrapoder ha de provenir del propio Estado, entonces no habrá forma de controlar dicho poder, no es que los ciudadanos tengan el poder, sino que los políticos harán creer a los ciudadanos que el poder reside en ellos cuando no puede ser más falso.

Los políticos hoy en día tienen muchísimo más poder del que haya podido tener ningún monarca en toda la historia, y los ciudadanos tienen menos contrapesos de los que había en su día.

Luego está otra cuestión fundamental, y es que la forma de ascender en la política no premia al más preparado o al más honrado, sino que premia a aquel que más cadáveres (en sentido figurado) es capaz de dejar por el camino. En política las malas prácticas son premiadas, la mentira, el engaño, la traición, etc, son premiadas, aplaudidas y posteriormente olvidadas. La honestidad, la verdad y las buenas intenciones son aplastadas por estas. Aquella persona que esté dispuesta a tragar en política, tenderá a llegar más lejos que aquella que se mantenga firme en unos principios y que no esté dispuesta a tragar con todo. No se trata de como creamos que la política “debería ser”, sino como la política “es”, es un problema intrínseco al sistema, no de las personas que lo componen.

Este artículo no debería ser ni necesario para que nos diéramos cuenta de lo que es realmente la política. Antes de la pandemia se solía escuchar que, sobretodo por parte de los políticos, aunque es cierto que durante las campañas electorales los partidos sólo mirarían por el interés particular, llegada la hora de la verdad esto pasaría a un segundo plano. También durante la pandemia hemos escuchado que era momento para la unión y que había que dejar las diferencias a un lado, pero nada de esto ha ocurrido.

Desde hace más de un año que llevamos sufriendo la pandemia, nuestra casta política no ha podido dar más señales de oportunismo, egoísmo, cinismo y desvergüenza de la que ha dado. Ni siquiera con una epidemia mundial que ha causado más de 100.000 muertos sólo en España, ni siquiera con una economía destrozada que ha caído más que ninguna otra economía del mundo desarrollado (y no sólo del mundo desarrollado), ni siquiera con más de 4 millones de parados y con casi 5’5 millones de trabajadores sin actividad, ni siquiera con un porcentaje ínfimo de la población que ha recibido las dosis de la vacuna, ni siquiera en estas circunstancias son capaces de dejar el juego político de lado.

Durante este año hemos visto ataques desde un lado hacia el otro, mociones de censura, injerencias de todo tipo, etc. Si la política no es capaz de buscar ese “bien común” ni en el momento donde más necesidad hay de que se busque, esto quiere decir que el significado real de la política no es la búsqueda del bien común sino del bien particular.

Si el ciudadano corriente, con la situación actual, no se quita la venda y ve realmente lo que es la política, entonces no lo verá nunca. Desde hace 1 año estamos contemplando el juego político en su máximo esplendor, será difícil volver a ver algo semejante.

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