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Descubriendo la función empresarial.

En el lenguaje coloquial, cuando nos referimos a los conceptos de “empresario” o “empresa” parece que nos estamos refiriendo a la persona que lleva a cabo una actividad mercantil por la cual obtiene un beneficio económico a través de prestar bienes o servicios a los consumidores (empresario), o a la entidad por la cual esa persona lleva a cabo esa actividad (empresa), respectivamente.

Antes de proseguir con el artículo, voy a pedir al lector que reflexione rápidamente sobre los conceptos mencionados (empresario y empresa) y tenga clara la imagen que tiene en su mente de ambos conceptos. Una vez que lo haya hecho, puede proseguir con el artículo.

Esto no se trata de ningún error, de hecho una de las acepciones de “empresario” es: “Titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa”. De “empresa”: “Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”. Por tanto, no es de extrañar que la mayor parte de la población relacione el concepto de empresa o de empresario con el mero hecho de llevar a cabo una actividad con la que obtener un beneficio económico.

Sin embargo, tanto la empresa como el empresario van mucho más allá de lo mencionado, empresa también es la “acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo”, y es aquí donde aparece la “función empresarial”.

En este sentido, el profesor Huerta de Soto afirma que cualquier persona que actúa para modificar el presente y así conseguir sus objetivos en el futuro está ejerciendo la función empresarial. La palabra “empresa”, como bien menciona el profesor, proviene del latín ‘in prehendo-endi-ensum’ = descubrir, ver, percibir, darse cuenta de algo, atrapar, etc. Por tanto, vemos que cualquier persona que está actuando en el presente con el fin de conseguir una serie de objetivos en el futuro está ejerciendo la función empresarial.

Por ejemplo, un estudiante universitario que está día a día dedicando una serie de horas al estudio de su carrera está modificando su presente con el fin de cumplir una serie de objetivos en el futuro, que no es otro que graduarse en dicha carrera. Una persona que se propone llevar a cabo una dieta y una serie de ejercicios con el fin de bajar de peso, ganar musculatura, etc, también está ejerciendo la función empresarial.

Si nos detenemos a pensar, prácticamente cualquier acción que realizamos tiene un componente (mayor o menor) de función empresarial. Un trabajador está actuando en el presente para conseguir sus objetivos en el futuro, el propio lector que está leyendo este artículo está actuando en estos mismos instantes en el presente para conseguir en un futuro (aunque sea cercano) algún objetivo en concreto, que espero que sea el de haber aprendido algo nuevo o el de ayudar a entender mejor este concepto.

Con lo cual, es importante aclarar o manifestar que el concepto de empresarialidad (aunque no aparece en la RAE), o de función empresarial va mucho más allá que una mera actividad con la que se pretende conseguir un beneficio económico.

La función empresarial es algo innato al ser humano, que en mayor o menor medida dispone de una capacidad creativa para ver y entender el entorno y así transformarlo de la mejor manera posible. Este concepto está estrechamente relacionado con la acción humana.

Así define el profesor Huerta de Soto la acción humana en “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”:

La acción humana es todo comportamiento o conducta deliberada. Todo hombre, al actuar, pretende alcanzar unos determinados fines que habrá descubierto que son importantes para él. Denominamos valor a la apreciación subjetiva, psíquicamente más o menos intensa, que el actor da a su fin. Medio es todo aquello que el actor subjetivamente cree que es adecuado para lograr un fin. Llamamos utilidad a la apreciación subjetiva que el actor da al medio, en función del valor del fin que él piensa que aquel medio le permitirá alcanzar. En este sentido, valor y utilidad son las dos caras de una misma moneda, ya que el valor subjetivo que el actor da al fin que persigue se proyecta al medio que cree útil para lograrlo, precisamente a través del concepto de utilidad.

Todos los seres humanos, en mayor o menor medida, ejercemos la función empresarial puesto que actuamos (ejercemos la acción humana) de forma constante, sería prácticamente imposible cuantificar las veces que actuamos a lo largo de nuestras vidas.

Por tanto, espero que el lector haya entendido el concepto de la “función empresarial” y que haya conseguido ver de otra forma tanto el concepto de empresa como el concepto de empresario, si es que al principio del artículo los veía tal y como se los había definido.

La función empresarial va muchísimo más allá de la imagen del señor regordete con un traje y fumando un puro. La función empresarial es algo que ejerce el lector al leer este artículo.

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Economía

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