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¿Es compatible la libertad con los partidos políticos?

Con la salida de Cayetana Álvarez de Toledo del Partido Popular, el debate sobre la libertad de opinión y de discrepancia en el seno de los partidos políticos vuelve a estar más presente que nunca.

De momento, sólo conocemos la versión de Cayetana, que ha respondido con afirmaciones como estas:

  • “El señor Casado considera que mi concepción de la libertad es incompatible con su autoridad. Es una visión de su autoridad que no comparto”
  • “Harán una formación más homogénea pero no más fuerte. Esa homogeneidad lo hace más pobre […] Un partido político no es una secta.”
  • Casado me dejó claro que no le interesa la batalla cultural, que no le parece un asunto político relevante en estos momentos.”

A la espera de la versión de Pablo Casado, que dudo mucho que veamos, se viene a vislumbrar algo que ya sabíamos: Los partidos políticos no son clubes de debate.

Aunque realmente no es sólo que los partidos no sean clubes de debate, puesto que los partidos políticos tienen la tarea de gobernar y de tomar decisiones, eso exige una estabilidad en los planteamientos políticos y en su línea de actuación, sino que la discrepancia con los planteamientos de los partidos no es bien recibida.

Ya sea por la famosa Ley de Hierro de la Oligarquía, o porque aquellos que ostentan el poder tienden a rodearse de gente afín a sus planteamientos es por lo que la discrepancia, la diversidad de opinión, el cuestionamiento de las formas, etc, no se ve con buenos ojos. Esto no quiere decir que no exista diversidad dentro de los partidos políticos, pero sí que se tiende a ver con otros ojos a aquellos políticos que tienen opiniones que se salen del guión oficial del partido.

Es más que posible que los partidos políticos a nivel regional sean más abiertos al “choque de opiniones”, y que en estos partidos exista una mayor diversidad. Pero a pesar de que los partidos a nivel regional (provincial, local, etc.) pueden incluso ser más productivos y eficientes que los partidos a nivel nacional ya que, en parte, están más en contacto con la gente, la cuestión verdaderamente importante se concentra en los partidos que aspiran a gobernar el país.

En los últimos tiempos hemos visto como también una diputada por aquel entonces (ex-diputada actualmente) del grupo parlamentario Vox, como Malena Contestí, abandonaba el partido después de decir (entre otras cosas) lo siguiente:

  • “Sí que es verdad que he tenido que moldear a veces, porque en el partido no te dejan disentir. Yo hay determinados discursos que nunca los he tenido.”

Este tipo de declaraciones demuestran la cara visible de algo que es palpable y que vemos en el día a día, y es que los partidos políticos no se llevan bien con la libertad.

Por otro lado, está el cálculo electoralista, si al partido en cuestión no le favorece la adopción de determinados postulados porque su electorado más afín podría (en última instancia) retirarle el voto, probablemente ese postulado no se acabe imponiendo sobre otros. Y decimos “probablemente” porque, por ejemplo, a pesar de que la mayoría de los votantes del PP son partidarios de regular la eutanasia, el partido no contempla esta vía (aunque sí alternativas). Esta es una muestra de que prima más la propia idea del político de turno que la del grueso de sus votantes.

Por otro lado, la disciplina de voto juega un papel importante dentro de toda esta cuestión, un miembro de un partido que ostente un cargo de representación pública y que teniendo la responsabilidad de votar, vote en contra de lo que dicta el partido pero acorde a lo que piensa ese miembro, sufrirá la sanción que el partido considere conveniente. Dicha sanción puede variar desde la no promoción de ese miembro dentro del partido o la destitución en el caso más grave.

Con lo cual, si bien es verdad que dentro de los partidos políticos se puede expresar una opinión o una idea, no es menos cierto que salirse del guión oficial del partido o de la corriente mayoritaria puede acarrear (y en mucho casos acarrea) un rechazo del núcleo duro del partido.

Los partidos políticos tienden a coartar la libertad de expresión dentro de sus organizaciones, es desde la sociedad civil alejada de la política donde uno puede expresarse con mayor libertad.

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