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Neuroliberalismo: Pura propaganda antiliberal disfrazada de pseudo-cientificismo.

El artículo que hoy vamos a tratar, y del que recomiendo su completa y detenida lectura antes de seguir con el presente artículo (aunque extraeré las partes más criticables en el presente artículo), se nos presenta como un artículo científico en el que trata de explicarnos un nuevo término denominado como “neuroliberalismo”, que se basaría en varios puntos, como la “ética gladiadora”, la teoría de la selección social, el adoctrinamiento o la globalización neo-liberal.

Este artículo, como ya digo trata de revestirse en un aura de cientificismo que lo único que hace es dar un rodeo tras otro para no llegar a ninguna conclusión, o al menos, para marear al lector y luego mostrarle una conclusión sacada totalmente de la manga.

Primero se comete el fatal error de hablar de “neo-liberalismo”, esto conviene aclararlo desde el primer momento, a la fecha de 2014 (que es cuando se publica el artículo) no existía en todo el mundo un sólo autor que se calificara como “neo-liberal” y que el motivo por el que se auto-denominara así no estuviera más encuadrado en la social-democracia que en el liberalismo. El término “neo-liberal” surge en la Viena de los años 20 cuando intelectuales marxistas y fascistas lo acuñaron para criticar y burlarse de intelectuales liberales como Mises, que nunca se calificó a sí mismo de “neo-liberal”.

Por otro lado, quienes sí se aceptaban a ser considerados como “neo-liberales” eran personajes como Alexander Rüstow, o en la actualidad Brad DeLong o Samuel Hammond. Estos intelectuales califican al “neo-liberalismo” como una “Tercera Vía” entre el liberalismo y el socialismo, lo que se conoce hoy como socialdemocracia.

No en vano, hay quienes sí se consideran “neo-liberales” y sus postulados se encuadran más en el liberalismo tradicional que no en la social-democracia, el problema es que estos autores tienen un recorrido muy corto y muy poco reconocimiento, son los autores Matthew Lesh, Jack Powell y Matt Gillowdel que redactaron el “Manifiesto Neo-liberal”(2019), por lo que difícilmente podrían tener en la cabeza a estos tres autores al referirse al “neo-liberalismo”.

Es tal el nivel de vaciedad de contenido que tiene la palabra “neo-liberal” que se llevó a cabo un estudio, por parte de los politólogos Taylor Boas y Jordan Gans-Morse en 2009, en el que se revisaron 148 ensayos entre 1990 y 2004 con el fin de encontrarle un significado a dicha palabra, y sus conclusiones fueron las siguientes:

“El significado de neo-liberalismo jamás se debate y a menudo ni siquiera se define. Como consecuencia, no es que nos hayamos encontrado con demasiadas definiciones de neo-liberalismo, sino con demasiado pocas”. Por tanto, no es que cuando se hable de neo-liberalismo se hable de algo perfectamente conocido por todos y con una definición clara, es que la inmensa mayoría de quienes lo usan no tienen ni la más remota idea de lo que significa, y la forma en que lo usan no es sino en forma de burla o clichés que están demasiado asentados en la sociedad. Sólo con ver lo vacío de contenido que está el término “neo-liberal” ya debería llevarnos a tirar por el suelo la validez de este artículo, pero sigamos un poco más.

Otro de los puntos a destacar son las varias acusaciones que hacen a Mises, uno de los padres de liberalismo, de 1) Llamar “incapaces” mentales a quienes fracasan, 2) De negar los DDHH, 3) De justificar el colonialismo y el imperialismo, 4) De colaborar con las dictaduras argentinas.

Vayamos por partes:

1. ¿Llamó incapaces mentales a quienes fracasan?

El extracto que usan de su libro, “La Mentalidad Anti-capitalista”, es el siguiente:

Advierte el sujeto, tal vez de modo subconsciente —decíamos antes—, que fue su propia insuficiencia lo que le impidió alcanzar las altas metas por él ambicionadas; cónstale la limitación de su capacidad intelectual y la insuficiencia de su capacidad de trabajo; pero él procura ocultar la verdad, a sí mismo y a sus semejantes, buscando conveniente víctima propiciatoria. Se consuela pensando que el fracaso no se debió a su personal incapacidad, sino a la injusta condición de la organización económico social prevalente (Mises, 2011, p. 90).

Hay que ser un poco retorcido para intentar hacer ver que Mises aquí acusa de “cierto retraso mental” a quienes fracasan en el mercado, ¿acaso el intelecto no está conformado por los muchos conocimientos, aprendizajes, etc que uno puede aprender y que le sirven para desarrollarse con mayor o menor éxito en el mundo?, todo esto además del “modus operandi” de sacar ciertas frases de contexto y de incluirlas en el artículo sin más.

2. ¿Negó Mises los Derechos Humanos?

El extracto que ponen de Mises es el siguiente:

«Se parte siempre de un error grave, pero muy extendido: el de que la naturaleza concedió a cada uno ciertos derechos inalienables, por el solo hecho de haber nacido» (Mises, 2011, p. 79)

Muy hábiles los autores no incluyendo los párrafos posteriores a este:

Se parte siempre de un error grave, pero muy extendido: el de que la
naturaleza concedió a cada uno ciertos derechos inalienables, por el solo hecho
de haber nacido. La naturaleza, por lo visto, es generosa; hay abundancia de todo
y para todos. Asisten, pues, al individuo imprescriptibles acciones contra la
sociedad y el resto de los mortales cuando tratan éstos de cercenarle la parte que,
para su personal disfrute, tiene reservada en ese universal condominio. Las
normas del Derecho natural, de la justicia, se alzarán siempre contra quien
pretenda apropiarse de lo que, en verdad, a otro corresponde. Gentes malvadas,
apoyadas por la mecánica del mercado, se apropian de gran parte de lo que es de
los pobres; de ahí que haya tanta indigencia. Compete a la Iglesia y al Estado
empecer tan inicuas expoliaciones, velando por el interés general.

La tesis es, de cabo a rabo, falsa y errónea. La naturaleza nada tiene de
generosa, sino que es avara en extremo. Escatima cuantos bienes el hombre
precisa para sobrevivir; cercados vivimos por malignos seres, tanto animales
como vegetales, dispuestos siempre a dañarnos; las fuerzas naturales se desatan
en nuestro perjuicio; la mera pervivencia hemos de reconquistarla a diario. El
parcial bienestar que, merced a denodada lucha, el hombre consigue es fruto
principalmente de la inteligencia, ese arma sublime que recibiéramos en el
último instante. Fueron los mortales, quienes, en estrecha cooperación con sus
semejantes, bajo el signo de la división del trabajo, crearon cuanto los utopistas
estiman gracioso don de una supuesta gentil naturaleza.
Carece pues de sentido, cuando se habla de distribuir esa riqueza engendrada
de forma tan onerosa, apelar a ignotos mandamientos divinos o inventadas
normas de desconocido Derecho natural. No se trata de repartir res derelicta,
donado caudal, acerbo carente de dueño. Lo que se discute, en realidad, es cuál
sistema en mayor grado incrementa y mantiene la producción, para así conseguir
el máximo bienestar, la más plena satisfacción posible de todos.

Mises no habla de los DDHH, sino del supuesto derecho inventado a redistribuir la riqueza que supuestamente nos pertenece a todos, es una patética intención de manipular al lector que a poco que se esté mínimamente atento se destapa.

3. ¿Justificó Mises el colonialismo?

Esta es la parte que exponen de Mises:

La verdad, contrariamente a lo supuesto, es que ese capitalismo del laissez faire, que para condenarlo «por razones de moral» el documento del Consejo Mundial tergiversa, fue el instrumento que enriqueció a los países occidentales, mediante la creación de capital, posteriormente invertido en máquinas y herramientas. Si asiáticos y africanos no permitieron, por las razones que fuere, la aparición de un capitalismo autóctono, allá ellos; ése es su problema. Occidente no tiene la culpa de nada; ya hizo bastante procurando, durante repetidas décadas, alumbrar la correcta vía (Mises, 2011, p. 80).

Y esto es lo que deberían haber puesto para no tratar de engañar al lector:

El Consejo Mundial de las Iglesias, organización ecuménica de las
confesiones protestantes, declaraba, en 1948: «La justicia exige que los
habitantes de Asia y África disfruten, en mayor grado, de los beneficios
derivados del maquinismo»
[17]. Tal afirmación sólo tendría sentido suponiendo
que la Providencia habría asignado a la humanidad entera preciso número de
máquinas y útiles, conjunto que debería ser equitativamente repartido entre todos
los pobladores del planeta. Pero del tema, el único que de verdad interesa, el
demagogo huye como del propio diablo, repitiendo incansable su ciego, sordo y
tullido argumento: que los malvados países capitalistas, en la rebatiña del
reparto, se alzan siempre con una porción mayor de la que, en justicia, les
corresponde, restringiendo la cuota que efectivamente llega a las manos de los
desgraciados asiáticos y africanos ¡Qué indignidad!
La verdad, contrariamente a lo supuesto, es que ese capitalismo del laissez
faire, que para condenarlo «por razones de moral» el documento del Consejo
Mundial tergiversa, fue el instrumento que enriqueció a los países occidentales,
mediante la creación de capital, posteriormente invertido en máquinas y
herramientas. Si asiáticos y africanos no permitieron, por las razones que fuere,
la aparición de un capitalismo autóctono, allá ellos; ése es su problema.
Occidente no tiene la culpa de nada; ya hizo bastante procurando, durante
repetidas décadas, alumbrar la correcta vía. Las medidas estatales allí imperantes
impiden además la entrada de capitales extranjeros, que permitirían suplir el
nacional inexistente, haciéndoles posible, entonces, a aquellas gentes disfrutar
«en mayor grado de los beneficios derivados del maquinismo». Cientos de
millones de seres, por falta de capital, siguen apegados a métodos primitivos de
producción; han de renunciar, consecuentemente, al provecho que el empleo de
mejores herramientas y más modernas técnicas les reportaría. Para el alivio de
tales males sólo una vía tienen franca: la implantación, sin reservas, del laissez
faire capitalista. Lo que estos pueblos precisan es iniciativa privada y
acumulación de nuevos capitales, o sea, ahorradores y empresarios. Carece de
sentido culpar a las naciones de Occidente, en general, y al capitalismo, en
concreto, de la miseria que los pueblos atrasados, con su propio actuar, ellos
mismos se infligen. Vanas invocaciones a la «justicia», de nada les servirán; lo
que deben hacer, si desean zafarse de la pobreza que les atenaza, es sustituir
perniciosos sistemas económicos por el único sano y eficiente: el del laissez
faire.
El nivel de vida del hombre medio occidental no se consiguió a base de
ilusorias disquisiciones en torno a cierta etérea e inconcreta justicia; se alcanzó,
por el contrario, gracias al actuar de «explotadores» e «individualistas sin
entrañas». La pobreza de los países atrasados se debe a que sus métodos
expoliatorios, su discriminatorio régimen fiscal y su control cambiario impiden
la inversión de capital extranjero, mientras la política económica interna dificulta
la formación del propio.

En su libro “La Mentalidad Anticapitalista”, Mises no hace referencia en ningún momento ni al colonialismo ni al imperialismo como fuentes de la acumulación de capital de los países de Occidente, por lo que esta es una más de las manipulaciones que lleva a cabo este artículo pseudo-científico.

4. ¿Mises promovió las dictaduras argentinas?

A continuación vamos a colocar la razón que dan para justificar que Mises hizo tal cosa:

“La colaboración de Mises en el proceso iniciado con la dictadura ‘libertadora’ de Aramburu y Lonardi se materializó en Argentina a través de una serie de seis conferencias que contribuyeron al equívoco entre democracia y dictadura (Mises, 2006, p. 54).[6] La democracia neoliberal no legitima a los regímenes políticos que recurren a los comicios electorales para elegir representantes, a menos que los garantes de la libertad de mercado cumplan su tarea sin importar los ‘caprichos’ de mayorías ‘tumultuosas e ignorantes’. Los anfitriones argentinos del autor austríaco recurren a sofisticadas cabriolas retóricas para llamar ‘dictador’ y ‘genocida’ a Juan Domingo Perón[7]. El agasajado les asistió, al menos, en una de esas volteretas durante sus conferencias. No fue una distracción. Maestro de escuela, viajó a Argentina para refrendar a los ideólogos de los peores procesos represivos de su historia.”

Es decir, la gran relación por la que Mises promovió o colaboró de alguna manera a la implantación de una dictadura en Argentina (de las muchas que hubo en el siglo pasado) se debió a seis conferencias que dio durante un periodo de democracia (gobernaba Frondizi) , como ellos mismos reconocen. También resulta muy llamativo como evitan llamar dictador a Juan Domingo Perón, un personaje que dio dos golpes de Estado en el siglo XX, y no es que eviten llamarlo por equivocación, es que no consideran que Perón fuera un dictador, con lo que ya vuelve a dejar un cierto aroma de cuáles son las intenciones de este artículo.

Por último, y porque este artículo se está haciendo más largo de lo habitual, voy a resaltar algunas de las cosas que más me han llamado la atención a modo de concluir con este análisis:

  1. Me llama poderosamente la atención que al acusar, y con razón, a Friedman y a Hayek de colaborar con el régimen dictatorial de Pinochet (algo que ya hemos criticado en este blog) olvidaran por completo mencionar la colaboración de Friedman con la dictadura de China. ¿Por qué no mencionan que Friedman también colaboró con China?, ¿no consideran la colaboración con una dictadura como la China como algo que deba destacarse?
  2. Es curioso que se llenen tanto la boca al hablar de los Derechos Humanos cuando se irritan tanto porque se denominara a Juan Domingo Perón por lo que fue, un dictador con todas las letras, y con los abusos que llevó durante todos los años en los que gobernó a Argentina. Por no insistir en el “casual” olvido de la dictadura china y los más de 50 millones de muertos que tiene a sus espaldas.
  3. Por último, intentan hacer una relación entre el capitalismo y las guerras, las hambrunas o la pobreza como si estas fueran causadas por el capitalismo y no una constante en toda la historia de la humanidad. ¿En qué beneficia una guerra al capitalismo con la inmensa cantidad de capital que se destruye en una guerra?, ¿qué sistema no ha hecho más que sacar a gente de la pobreza en los últimos 220 años?

Si este es un artículo merecedor de aparecer en la Revista del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) deberían replantearse los cánones de selección, pues este es un nivel demasiado bajo para un organismo que debería tener algo más de prestigio.

En definitiva, “Neuroliberalismo: La Confrontación como mecanismo de la selección social” no se trata más que de pura propaganda anti-liberal disfrazada de peudo-cientificismo que hace aguas por todos los lados, y que muestra más ganas de tachar al liberalismo de algo que no es que de demostrarlo de forma efectiva.

matrix

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