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El capitalismo es un sistema intrínsecamente humanista y social.

El capitalismo es un sistema económico que lleva conviviendo con dos situaciones a la vez casi desde que Marx dijo que era un sistema que se acercaba a su auto-destrucción, hace más de 150 años. Estas dos situaciones son la del éxito y la del escepticismo.

Convive con éxito, obviamente, dada la gran revolución que ha supuesto para la humanidad el hecho de sacar de la pobreza a tanta gente en un periodo tan corto de tiempo (220 años). La “pobreza extrema” mundial ha pasado de afectar al 84% de la población a afectar al 10% de la población mundial aún con todo el aumento de población, hemos pasado de 1.000 millones de personas en 1800 a 7.625 millones de personas en el año 2020, algo verdaderamente tremendo, aunque aún quede mucho camino por recorrer.

Convive también con el escepticismo al no haber terminado de “convencer”, es decir, es un sistema económico que ha vencido pero que no ha convencido. Los motivos por los que no ha convencido pueden ser muchos, tanto de críticos externos al capitalismo ya que es fácil achacarle que no ha terminado de sacar a todo el mundo de la pobreza, sin ofrecer ningún tipo de alternativa que sea mejor, como del propio capitalismo por no haber sabido sacar a todo el mundo de la pobreza o al menos de haber sabido explicar la complejidad de la empresa de la que hablamos. La pobreza es una condición casi inherente al ser humano, la gente no nace rica por naturaleza, por lo que es algo que no se erradica de un día para otro.

Otro fallo es el de no haber transmitido bien un mensaje, y es el de que el capitalismo es el sistema económico más humanista de la historia de la humanidad.

Es el capitalismo el que nos hace tener que centrarnos en satisfacer, de la mejor forma posible, las necesidades y deseos de toda la gente para poder satisfacer posteriormente los nuestros. Si en primera instancia, no hemos sido capaces de producir aquellos bienes o de proveer aquellos servicios que la gente quiere y desea, no podremos satisfacer los nuestros propios, por lo que nos lleva a tener que poner en el foco a los demás para poder satisfacer nuestros deseos y necesidades.

No hay sistema que ponga más en el centro de su eje al ser humano y a la humanidad, este sistema provee de todos aquellos bienes y servicios que necesitamos los humanos para poder desarrollar nuestras vidas y nuestros proyectos vitales de la mejor forma posible. También provee de miles de alternativas de ocio o de cultura, viajes a cualquier parte del mundo, etc, no limitándose sólo a bienes materiales.

Imaginemos por un momento que en lugar de especializarnos en producir una serie de bienes específicos nos dedicáramos a producir todos aquellos bienes para nuestro auto-abastecimiento, ¿cuánto tiempo nos llevaría y cómo sería la calidad de estos bienes?

Una persona que tuviera que producir el alimento o la ropa (entre otros muchos bienes) que necesita para poder vivir necesitaría de una cantidad de tiempo enorme y el coste sería tremendo.

En la mayoría de los casos, y al no haber 7.625 millones de “Da Vincis”, los muchos bienes distintos que produjésemos serían malos o mediocres, no satisfaciendo correctamente aquello que buscamos satisfacer.

Los seres humanos, por lo general, somos buenos o muy buenos cuando nos especializamos en un área muy concreta, siendo tremendamente complejo poder ser muy bueno en muchas áreas distintas. Un médico podrá ser muy bueno en un área específica, pero será muy difícil que sea muy bueno en todas las áreas que existen. Con lo cual, si ya dentro de la propia categoría de “médicos” no es posible ser muy bueno en todas las áreas, imaginemos lo difícil que sería ser muy bueno en todas las áreas de todas las categorías existentes.

De ahí que la división del trabajo ponga en el centro de su motivo de existencia al ser humano, la humanidad se especializa en producir una serie de cosas distintas con el fin de ofrecer la mayor calidad posible en cada una de ellas.

Ha sido la división del trabajo y la especialización en este, la que ha permitido el mayor desarrollo económico y humano de toda la historia de la humanidad, nunca antes se ha crecido tanto como a partir de la división del trabajo. Nunca antes se ha reducido tanto la pobreza en toda la historia de la humanidad como a partir de la Revolución Industrial y la división del trabajo.

Hablamos de que el capitalismo es un sistema humanista y social, ya que requiere de la participación voluntaria de muchísimas personas que cooperan entre sí para poder conseguir sus propias metas, cooperamos con gente con la que es posible que no cooperaríamos en otras circunstancias para poder satisfacer toda una serie de deseos y necesidades que queremos y necesitamos satisfacer. No es, por tanto, un sistema que atomice al ser humano, sino que necesita de su cooperación con otros seres humanos.

Por tanto, el capitalismo es un sistema económico de contratos voluntarios donde hemos de producir aquellos bienes y servicios que quiere la gente, gente a la que seguramente no vayamos a conocer nunca, para poder satisfacer nuestros propios intereses. Si no somos capaces de ofrecer un bien o servicio que la gente valore lo suficiente como para pagar por él, no podremos satisfacer nuestras necesidades y deseos.

No es el “yo” el que predomina en el capitalismo, sino el “ellos”, para satisfacer al “yo” hemos de satisfacer primero al “ellos”. 

De alguna manera, es el egoísmo personal el que nos lleva a proveer a la gente de aquellos bienes y servicios que desean para poder satisfacer las nuestras propias, así es como se hacen efectivas las palabras de Adam Smith:

“No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”

Con lo cual, vemos que el capitalismo además de ser un sistema tremendamente exitoso, pues no hay ningún otro sistema que se le acerque en cuanto a resultados, es también un sistema tremendamente humanista y social, ya que requiere de la participación y de la colaboración voluntaria entre personas de distintas partes del mundo.

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Si bien el capitalismo no es un sistema perfecto y que precisa de mejoras, como cualquier sistema creado por el ser humano, no es menos verdad que es el mejor sistema económico jamás creado y el que nos ha proporcionado mayor bienestar y prosperidad. No debemos caer en la auto-complacencia de ver al capitalismo como un sistema perfecto que no requiere de ningún cambio, pero tampoco hemos de caer en el pesimismo erróneo de creer que es un sistema que ha fracasado y que hay que desmantelar, con el desastre humanitario que ello conllevaría.

 

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Capitalismo

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