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Eutanasia: Derecho a vivir no es obligación a vivir.

La eutanasia no es más que el acto voluntario de poner fin a la vida de una persona, siendo la propia persona la que pone fin a su vida o siendo un tercero el que ayuda a llevar a cabo este acto, siempre buscando que el paciente sufra lo menos posible.

Todos los ciudadanos y ciudadanas nacemos con los mismos derechos y obligaciones, y entre esos derechos se incluye el derecho a la vida. Este derecho obliga al resto de la población a no vulnerar la vida de las personas bajo un castigo establecido por ley, hablamos por tanto de que el derecho a la vida está garantizado en cualquier Estado que goce de solidez jurídica.

Derecho a la vida no debería confundirse con obligación a la vida, esto es, que una persona tenga que seguir viviendo a pesar de que esa persona no desea seguir viviendo. Que una persona que sufre una determinada enfermedad o que simplemente y tras analizarlo detenidamente decide que no quiere seguir viviendo no debería tener que seguir viviendo en contra de su voluntad.

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Si una persona tiene el derecho a decidir el camino que quiere seguir con su vida, si quiere fumar o tomar alcohol, si quiere consumir sustancias estupefacientes, si quiere llevar una vida insalubre, si quiere cuidarse, etc, también deberían tener el derecho a decidir cuándo y cómo quieren acabar con su vida. Que un Estado o un conjunto de ciudadanos le impongan a los otros qué cosas se pueden hacer y cuáles no va en contra de la libertad de las personas.

Se critica a la eutanasia desde el punto de vista de la moral, pues se argumenta que siempre existen alternativas para paliar el dolor que sufren estas personas, pero todo esto, a pesar de que pueda ser bien intencionado, no tiene sentido desde el momento en que se les arrebata a estas personas el derecho a decidir sobre sus vidas. Que alguien pueda decidir por mí lo que me va a ocurrir o dejar de ocurrir, por muy bien intencionado que sea, es un ataque contra mi libertad individual y por tanto está violando mis derechos.

Por otro lado y desde el punto de vista legal, este procedimiento no se podría llevar a cabo así como así, sino que debería tener una serie de requisitos y procedimientos médicos y psicológicos previos, así como asistencia jurídica para confirmar que efectivamente es la propia persona la que accede voluntariamente a que le practiquen la eutanasia. Porque de lo contrario podríamos estar encubriendo bajo el velo de la eutanasia una serie de asesinatos y crímenes que nada tienen que ver con el propósito establecido.

Como con cualquier derecho, existe la facultad de ejecutarlo o no. No por el hecho de que la eutanasia fuera legal ello implicaría que todo el mundo tuviera en última instancia que practicarla, sino que únicamente estaría para aquellas personas que así lo decidieran.

Por tanto, hemos de darle a la ciudadanía la posibilidad de que elijan en libertad aquello que quieren hacer con sus vidas, y que no sean ni el Estado, ni las religiones, ni los lobbies, ni cualquier otro ciudadano el que imponga sus valores al resto de la sociedad. Nadie debería decidir de forma paternalista qué debemos hacer con nuestras vidas y forzarnos a seguir un camino que no queremos.

Ni la religión, ni el Estado ni nadie tienen la facultad para obligarnos a vivir.

La vida es un derecho de cada ciudadano, no una obligación.

Categorías

Liberalismo

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